Despidiendo el año

Veo la llama arder de la vela que tengo enfrente de mí, mezclándose su olor con el placer visual de verla transformándose. Y de eso trata mi vida, de ver cómo transformo mis pensamientos mezclándose con la ansiedad que se desprende de ellos.  

Se acerca el final de este año y supongo que toca hacer balance.

Un año lleno de cambio, transformación, ansiedad, y el resurgir de mi esencia. Sí, podríamos resumir este año como el resurgimiento de mi yo interno. He seguido mi instinto en todo momento, he sentido, llorado, reído, y tomado consciencia. Sobre todo eso, he sido consciente de cada paso que he dado, de cada decisión tomada, de cada palabra, mirada y sonrisa. Por qué al final, he actuado con el corazón.

Para mí este año ha sido de renovación. He transformado mis pensamientos y he actuado en consecuencia. Quizá no lo he hecho de la mejor manera, solo de la manera que he sabido, y siento si he herido a alguien. No era mi intención. Al final, me he dejado llevar por la transformación de mis pensamientos, unos pensamientos que finalmente se han alineado con lo que anhelaba mi corazón y se han convertido en decisiones tomadas.

Asusta mucho dar este paso, pero el alivio y la paz que sientes luego, son la mejor recompensa que puedas darle a tu alma.

Puedo sentir el dolor y el consuelo de cada decisión tomada este año. Puedo oír el ruido de mis pensamientos que han quedado enterrados en esas decisiones, pero que siguen latentes en mi memoria. Puedo elevar la mirada y sentirme orgullosa e insignificante a la vez. Puedo mirar atrás, sin arrepentirme de nada.

Llevo 31 años en este mundo, y al fin, he aprendido a aprender. Y esto es lo que me llevo del 2023: aprendizaje. Un gran y profundo aprendizaje.

He aprendido a gestionar un poco más mis emociones y a transformarlas en acciones. He aprendido a valorar, más que nunca, a las personas que tengo a mi lado y a valorarme a mí.

Aún me queda mucho camino por aprender, pero por ahora, me quedo con lo que tengo.

Voy paso a paso.

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