Miro por la ventana de la oficina y ya no sé cómo escapar de aquí. Se me llenan los ojos de lágrimas sólo de pensar que a la persona que más quiero le estoy haciendo daño inconscientemente con mi actitud. Una actitud basada en la tristeza, la rabia, la frustración, y la mala gestión de lo que siento.
Y yo me pregunto, ¿qué siento? Siento que no soy libre, siento el anhelo de una vida que nunca tendré, siento la esperanza de cambiar el ritmo de mi vida, una esperanza que cada vez más se va apagando, tomando conciencia de que la vida es así, y que si quiero algún cambio no vendrá de fuera, vendrá de dentro. Siento que pasan los días y cada vez aguanto menos. ¿Y qué representa que debo aguantar?
Siento una tristeza infinita al pensar que la persona que más quiero está sufriendo por mi culpa. Me sabe tan mal que no paro de decirle cuánto le quiero por miedo a que se despierte un día y sienta que ya no quiere seguir conmigo. Vivo con el miedo constante de no ser suficiente, de que mi amor no sea suficiente, y de que no sea capaz de abrazar a la auténtica Carla. Sé que lo intenta, pero vivo con el miedo a que un día ya no pueda intentarlo más y sienta que debe alejarse de mí.
Soy un caos por dentro, cuando pienso que estoy bien vuelvo a caer, no entiendo por qué soy así, ¿por qué siento tanto como siento?, ¿por qué padezco tanto como padezco?… ¿Porque soy de esta manera?
Siento que cada vez más vivo sólo porque toca vivir.
La tristeza me invade el alma y en la mente sólo hacen que venirme recuerdos que me calman y hacen que por un instante sienta lo que sentí en ese momento, hacen que me sienta llena. Supongo que es un mecanismo de defensa que tiene el mismo cerebro, intenta hacerte sentir bien en momentos de tristeza profunda, pero lo que no contempla nuestra cabeza es la esperanza que nace de estos recuerdos, para volver a sentir lo mismo. Una esperanza que te aporta calma por un instante y una gran frustración después. La esperanza es lo último que se pierde, eso dicen, pero nadie te habla de lo que le acompaña, sentimientos de frustración y tristeza con un toque de nostalgia.
Tengo miedo de lo que vendrá, de cómo lo gestionaré, de no salir de este bucle, de ir a peor, tengo miedo… De lo que más tengo miedo es hacerle más daño a la persona que más quiero.
Lo siento y lo siento mucho. Estoy empezando a trabajar en mí, en lo que siento, a centrarme en lo bueno que me pasa, a valorar todo lo que tengo, a las personas que tengo a mi lado que por suerte, tengo a las mejores. No puedo quejarme, y no paro de quejarme. Que cruda la vida que te quita, pero también te da.

Deja un comentario