Hoy me apetece hablar de las personas que sí, las que cuentan de verdad, aquellas que las cuentas con la palma de la mano, y que para muchos estas no llegan ni a completar la mano.
Cuando era más joven tenía muchos círculos de amigos y me encantaba. Esa sensación de decidir con quién te apetece quedar hoy, cuando te sentías el centro del mundo y te encantaba gustar. Hoy día mi círculo es mucho más reducido, es obvio. Creces, maduras, escoges, decides quién sí y quién no. Y no os engañaré, para llegar a este punto llegas a perder mucho, pero a la vez valoras y admiras más intensamente a la gente que se queda a tu lado.
No hay cosa más bonita en este mundo que conectar con otras personas. Hay muchas maneras de conectar, pero a la que me refiero ahora es aquella conexión que nace con una persona con la misma manera de pensar y ver el mundo que tú, personas con las que con solo una mirada, ya está, ya lo sabes todo y ya lo saben todo. Esto es increíble.
Luego, también hay las típicas relaciones de amistad con las que has crecido, las que están ahí en cada cumpleaños y celebración. Las que se alegran de tus logros y te apoyan en tus decisiones. Las de toda la vida vamos. Está bien seguir en contacto con ellas, si te aportan. A veces nos empeñamos en que algo tiene que estar en nuestra vida porque creemos que nos aporta, pero realmente solo lo conservamos por aquello que fue en su día y ya no es. Las personas crecemos, maduramos, escogemos y decidimos quién sí y quién no. Da pena pensar que solo conservas una relación porque te anclas en el pasado, pero más triste es seguir manteniéndola por puro compromiso. Al fin y al cabo, cada uno en su ser más profundo ya sabe quién sí y quién no. Tenemos que aprender a escucharnos más.
¡No con todas es así, eh! Aquellas amistades que son de toda la vida y siguen ahí, ayudándote a recoger cada pedazo de tu alma rota cuando ya no puedes más, apoyándote incondicionalmente, respetándote y cuidándote, esas, son el mejor tesoro que una puede tener. El sentimiento tan puro que se desprende de esta amistad es indescriptible. Es un sentimiento que te llena de fuerza y valentía, te hace sentir afortunada y sobre todo agradecida. Cuando caes en un profundo pozo de tristeza y soledad solo puedes pensar en estas personas, porque necesitas de sus consejos, abrazos, de su empatía. Es eso, necesitas que empaticen contigo. Y lo hacen. Y te sientes mejor.
He crecido, madurado, escogido y decidido quién sí y quién no. ¡Y no lo he podido hacer mejor!

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