Su corazón latiendo con fuerza. Su respiración agitada. Sus orejas atentas a cualquier ruido. Sus ojos con las pupilas dilatadas según la luz del entorno y según su nivel de excitación. Su pelaje blanco impoluto con manchitas de color marrón y negro. Su cuerpo estilizado que se adapta a cualquier superficie donde se postre. Su cola en dirección al cielo a cuál antena de radio, temblorosa cuando te acercas a ella y la saludas. Sus gestos y acciones tan peculiares. Su infinita curiosidad para cualquier objeto u ser vivo que tenga a su alcance. Su manera de mirarte, de mostrarte aprecio y amor. Su ronroneo cuando estás cerca y sus maullidos cuando te alejas. Mi mejor elección. Me arropa con su amor incondicional. Me hace reír y enfadarme a la vez. Me colma de calma y tranquilidad, la cual no era consciente de lo mucho que la necesitaba.
Adoptamos a nuestra gatita el año pasado. Me cambió totalmente la vida. Es una pasada lo que te pueden llegar a cambiar los animales. A todo el mundo le gustan los animales, bueno a unos más que a otros está claro, pero os lo juro, la miro y me derrito. ¿Cómo se puede querer de esta manera? Es un amor diferente. No es el mismo amor que puedas sentir por tu familia o amigos o incluso tu pareja. Es un amor puro, incondicional, infinito. Aprendes de él.
A veces me quedo un buen rato observándola. La miro y pienso en lo que le debe estar pasando por la cabeza en ese momento. Me gusta verla cómo observa por la ventana, me gusta cuando se limpia con su lengua rasposa, me gusta verla jugar e incluso comer. El amor que siento por ella hace que me guste absolutamente todo de ella y que me parezca el ser más bonito y bueno que hay en este Planeta. No lo puedo evitar. Para mí, es la mejor.
Pero lo que realmente hace que la quiera con todo mi corazón, es la facultad que tiene para saber cuándo no estoy bien, cuando me siento agobiada, estresada, enfadada. Cuando no me siento bien conmigo misma, cuando rompo a llorar y no hay nadie que pueda ayudarme, pero ella sí lo hace. Ella viene y se queda conmigo. Se acomoda en mi regazo esperando a que la acaricie como siempre lo hago, esperando que la abrace y le dé mimos. Entonces es cuando ocurre. Ese momento en que dejas de lado tus sentimientos y te centras en ella. En darle lo que te pide. Y poco a poco vas sintiendo que todas esas preocupaciones que tenías hace unos instantes ya no son tan importantes. Te paras y te calmas. Te invita a reflexionar, valorar y mirar hacia adelante. Los animales tienen esta capacidad.
Les das un hogar donde crecer. Una nueva vida. Lo que ellos no son conscientes es que el hogar y la nueva vida te la están dando ellos a ti.
Os lo juro, ¡la miro y me derrito!

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