Sentimos cierta admiración e incluso, algunas veces, envidia, por las culturas y tradiciones que son totalmente diferentes a las nuestras y por consecuencia, tienen maneras de hacer y de vivir con las que no estamos familiarizados. Éstas nos generan una inquietud que solo la podemos calmar cuando intentamos entenderlas. Una vez las comprendemos, entonces nos surge la fascinación por ellas. Somos afortunados de convivir con gente de diferentes culturas. Cada cultura te aporta algo distinto. Una nueva manera de pensar, nuevos sentimientos, empatía, quizá un poco de tristeza, nostalgia, pero sobre todo te aporta conocimiento. Este conocimiento hace en ti que tengas otra visión del mundo en el que vives.
Te hace opinar por ti mismo.
A mí, personalmente, me asombra conocer nuevas culturas y ponerme en la piel de las personas que practican unas tradiciones totalmente distintas a las mías. Me genera una fascinación que es difícil de describir en palabras, ya que lo vivo muy intensamente. Supongo que me maravillan tanto porque en cierto modo me sobrecogen e impresionan muchísimo.
De cada cultura, tradición, persona que conoces, te llevas algo para ti, para tu persona y tu ser interior. Absorbes y canalizas todas las energías que te rodean y te hacen sentir pleno, agradecido, y con ganas de ser partícipe de más tradiciones que son desconocidas para ti. Abres la mente y llegas a creer en cosas que nunca antes te habías imaginado. Participas en los rituales de las culturas con las que interactúas y llegas a pensar que formas parte de eso, de ellos. Y ese momento, no tiene precio.
Aunque culturalmente seamos distintos, todos sentimos, sufrimos, empatizamos, amamos y vivimos. Así que no hay cosa más bonita y preciada en el mundo que interactuar con otras personas que te llenen el espíritu de sabiduría y serenidad.

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